Girando en torno a la Eudaimonía


Por: Agustina Chavero©

 Durante estos últimos años he estado pensando en forma constante y especulativa en la formación etimológica de la aristotélica palabra eudaimonía.

  Los que leímos la “Ética Nicomaquea” sabemos que la eudaimonía es un bien, el más arquitectónico de todos, al que deben dirigirse las acciones y ciencias humanas a través de la práctica de la virtud o excelencia (areté), y es todo lo que voy a decir de esta palabra en términos aristotélicos porque el análisis de la obra de la cual proviene no nos incumbe a los fines de este breve escrito mío.

  En términos etimológicos eudaimonía se forma con las partículas eu que en griego clásico significa verdadero y daimon que se traduce como demonio, y la Filosofía misma ha sido descrita como un daimon, un demonio que nos arrastra hacia la curiosidad porque la sola idea de demonio representa una atracción involuntaria hacia algo específico en términos de “arrastre”. 

  Ahora bien; el bien más preciado al que aspiramos y al cual se dirigen las ciencias todas y la Filosofía misma, según Aristóteles, es esta eudaimonía y se traduce específicamente como “felicidad”. Es decir que, tanto para Aristóteles como para los antiguos griegos, la eudaimonía no es otra cosa que la felicidad.

  He aquí mi especulación: si eu es verdadero y daimon es demonio, ¿por qué el nombre griego “felicidad” significa etimológicamente “verdadero demonio”?

  Por favor, si conocen a alguien que haya pensado esto antes que yo háganmelo saber con cierta urgencia porque esta idea me arrastra como un daimon

  Si bien he tenido antes ciertos pensamientos problemáticos con la palabra “eu”, incluso en la escuela cuando los profesores en Biología pronunciaban el vocablo eucariota (núcleo verdadero) en referencia a la célula animal, esta vez es mucho peor porque mi deducción implica que la felicidad tan preciada es un “verdadero demonio” que juega con nosotros, y lo peor es que al formar así nuestras palabras ya lo sabíamos y no nos dábamos cuenta de ello.

  Y la Felicidad no es precisamente un Verdadero Demonio por castigarnos con un súbito ataque de risa imparable en el momento más incómodo (como se ha dicho anteriormente el daimon tiene que ver con la involuntariedad y con un arrastrar, una cierta perdición), es un Verdadero Demonio porque es completamente ilusoria…

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