La Mitología Argentina

Por: Agustina Chavero©

El Folklore nacional argentino está lleno de seres mitológicos, aunque usted no lo crea. Muchos de estos mitos fueron inventados por los jesuitas en la época barroca latinoamericana, con el fin de dominar ciertos aspectos de la vida de los aborígenes. Un claro ejemplo de ello es el mito de Ahó-Ahó, la oveja maldita que en horarios diurnos perseguía a los que encontraba en el camino; si el perseguido no lograba subirse a un árbol para protegerse era destrozado por este animal horrible. Aquí el objetivo de los jesuitas era claro: mantener a los indígenas en la congregación.

Quizás el mito más brutal es el del Caá-Poraá, que usaba un cráneo humano y una tibia como pipa para fumar. O el del Curupí, horrible gaucho de cuatro patas que poseía un pene de gran longitud con el que envolvía a su víctima: una mujer joven que anduviera sola por el monte. Pero como el de Ahó-Ahó, estos dos mitos tienen su explicación: el primero era para espantar a los cazadores, pues el Caá-Porá, oriundo de Brasil, actuaba en defensa de los animales de la selva; y el segundo, de Corrientes y Misiones, para impedir que las jóvenes se atrevieran a internarse en el monte y se perdieran, ¡ninguna querría salir a caminar sola con semejante ser al acecho!

Un mito muy llamativo es también el del Yaguareté-Abá, común de Corrientes, Misiones y Paraguay. En esta historia un indígena bautizado que se alejaba del grupo y se revolcaba sobre un cuero de jaguar de izquierda a derecha, rezando un credo al revés, se metamorfoseaba en tigre para devorar a sus enemigos. La única forma de detenerlo era clavándole una cuchillada. Pero si sobrevivía, al retornar el día, con el mismo método a la inversa, adquiría nuevamente su forma humana y nadie sospechaba de él.

Como en una clásica mitología europea, en Argentina también existieron duendes.

El duende de nuestro folklore es enamoradizo, socarrón y grosero. Por lo general tiene una mano de fierro y otra de lana. Se trata de espíritus de niños que sus madres mataron al nacer. El más famoso es el Yasí-Yateré: enano rubio y barbudo que recorre el campo desnudo, raptando a niños o a mujeres.

Es muy frecuente la perturbación a mujeres y a niños, como también a los moradores de una casa. Por ejemplo el dios mapuche de la niebla, Huaillepenyú, (una mezcla de ternero, carnero y foca) suele acoplarse con animales domésticos o hembras humanas cuando éstas duermen, lo que explica el nacimiento de un ser humano o cría malformados. El Kéronkeuken, emisario de un brujo, similar a una lechuza vuela alrededor de una propiedad, provocando enfermedad al dueño, que luego muere.

También hay deidades femeninas, que atacan a los hombres. Es el caso de Máyup-Maman, especie de sirena que arrastra a los hombres al fondo de las aguas y los ahoga. O la grotesca Zapam-Zucum, bautizada así por el sonido que emiten sus pezones al andar. Si encuentra a niños los acaricia y los cuida, pero si le gustan se los lleva y no los devuelve nunca más a su madre biológica. Suele atacar a los hombres atrayéndolos y luego echándolos al interior de sus pechos (una especie de madre brutal.)

Cabe destacar, también, aquéllos mitos más reconocidos en la provincia de Buenos Aires, en cierto modo distanciada con las culturas indígenas del resto del país. Estos mitos bien conocidos por los bonaerenses son: la célebre Luz Mala, La Llorona, El Lobizón y El Pompero, personaje severamente perturbador e innombrable en las provincias del norte.


¿Dónde encontrar información detallada sobre estas curiosas bestias? Nada más y nada menos que en el magnífico libro de Alberto Colombres, titulado “Seres sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina.”

Colombres enumera lúcidamente una serie de entes presentes en las tribus araucanas, tehuelches, mapuches y guaraníticas, entre otras, destacando sus principales características, acompañadas de ilustraciones espeluznantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario