A 40 años de "Pequeñas Anécdotas Sobre las Instituciones"


Por: Agustina Chavero©

 En este 16 de Diciembre se han cumplido exactamente 40 años del lanzamiento del disco "Pequeñas Anécdotas Sobre las Instituciones" de Sui Generis.

 La razón por la que el disco recibió un nombre tan largo fue por una sugerencia de Jorge Álvarez, productor de los míticos sellos Mandioca y Talent, de no poner un título tan provocativo como el que iba a llevar en un principio, "Instituciones" a secas.

 Pero como por una revancha del destino con el fin de acortar semejante título es, finalmente, con el nombre de "Instituciones" que la gente menciona este disco.

 Originalmente, además de las canciones que ya conocemos, el disco iba a llevar los temas "Juan Represión" y "Botas Locas", pero por la misma razón no fueron incluidos, apareciendo finalmente en la década del '90 como bonus track's en la edición de disco compacto.

 En la década del '70 Charly y Nito fueron detenidos en Uruguay por interpretar "Botas Locas" arriba del escenario y cuenta la leyenda que Charly frente a los policías que lo interrogaban cambió la letra de la canción en el momento. Donde los policías decían haber escuchado "si ellos son la patria yo soy extranjero", Charly respondió tranquilamente que se trataba de un error, que lo que él había dicho en realidad era "si ellos son la patria yo me juego entero" y así fue como no sólo recuperaron la libertad, sino también se ganaron la simpatía de los uniformados.

 Una vez un profesor mío de la Facultad, explicando algunos argumentos en torno a la filosofía porfiriana, comentaba acerca del significado de oraciones contradictorias y al pasar y muy rápidamente dijo "un militar inteligente, por ejemplo."

 Y es que las canciones de este disco, como todas las viejas canciones del rock nacional, están plagadas de metáforas que cuando aterrizan en el oído apropiado son comprendidas en un repentino estado de iluminación por aquéllos cuyo pensamiento es capaz de alejarse un rato de la monotonía de la vida cotidiana y ascender un par de grados hacia el sentido filosófico de la 'res' (cosa).

 Para un oído poco entrenado las canciones "El Show de los Muertos" y "Las Increíbles Aventuras del Señor Tijeras" son las mas explícitas en el uso de metáforas para describir realidades políticas y culturales de aquél entonces, como la censura en el cine y la estoica actitud de morir muchas veces para ser siempre el que se es, y no el otro.

 Pero además de la teoría de que los actores políticos de entonces no llegaban a comprender las metáforas del rock, Charly ha mencionado que, en su parecer, a los hijos de los militares les encantaba su música y fue por esa razón que no lo secuestraron.

 Por otro lado vale a pena mencionar que este disco llegó a ser considerado jettatore por los Sui Generis debido a un accidente sufrido durante una gira, entre otros acontecimientos y, finalmente, la disolución de la banda siendo éste su último disco de estudio. Pero además de esa exótica idea mágico-religiosa, el disco es único en su especie por varios otros motivos, entre ellos, el carácter premonitorio de sus canciones. Recordemos que fue lanzado en 1974 y gran parte de las metáforas que se pueden elucidar tienen perfecta correlación con los hechos ocurridos en nuestro país a partir de 1976. Sin duda alguna, los Sui se adelantaron a su tiempo como ninguna otra banda nacional y es por su carácter visionario y el saber indagar los acontecimientos e inquisiciones del ser en determinado tiempo, -acontecimientos e inquisiciones que sea allá por 1974 o en nuestros días, se mantienen fijos e imperecederos en el alma humana y en la sociedad-, que lograron permanecer vigentes atravesando el paso de las décadas, perforando el pensamiento joven y el paso de las estaciones para asentarse definitivamente en la corriente del pensar más introspectivo de miles y miles de personas que durante años hemos escuchado su música para volverla un fenómeno colectivo.

 Sui Generis ha sido arte y transgresión. La tapa del disco con las ilustraciones de Juan Oreste Gatti es una muestra de ello. Ese artista tan silencioso y que andaba hasta hace poco escondido de la mirada ajena, es el responsable de conceptualizar en dibujos las metáforas que danzan en las canciones. ¿Quién no se sorprendió al descubrir a la mujer desnuda en la película de la corbata del Señor Tijeras? ¿Y nunca se han preguntado por qué un Tango en Segunda, aquél compuesto arriba de un taxi, se baila en el proscenio de tres calaveras?

Jamás encontraré las palabras de agradecimiento por la creación de este disco. En lo personal cambió mi modo de ver, y contribuyó a formar mi pensamiento en la infinita interpretación de sus metáforas, la música que escuchamos define quiénes somos.

VHEMT: Extinción Humana Voluntaria para prevenir el sufrimiento involuntario

Logo de VHEMT: "Que vivamos largo tiempo y luego desaparezcamos"

Por: Agustina Chavero©

 El Movimiento de la Extinción Humana Voluntaria, conocido por sus siglas en inglés VHEMT es una ONG creada por Les U. Knight en Estados Unidos.

 Desde su fundación en 1991 los miembros de VHEMT se proponen la extinción gradual y voluntaria de la humanidad, considerando que el ser humano es la causa de los más desastrosos problemas ambientales, entre ellos la superpoblación y la contaminación, con lo cual el movimiento es esencialmente ambientalista: guerras, desechos tóxicos, ambiciones sin límites, destrucción de ecosistemas, deforestación, extinción de otras especies con fines recreativos, aniquilación y perversión de miembros de la misma especie, etc, son algunas de las cosas con nombre feo que parecen perpetuarse en esta breve eternidad de la existencia humana y a las que VHEMT, en apariencia, quiere poner fin.

 Sin embargo es paradójico que Les. U. Knight se haya criado en una familia muy numerosa; quizás este trauma de infancia fue realmente lo que empujó a Knight a realizarse la vasectomía a muy temprana edad y, finalmente, fundar este movimiento que él define como altruista. 

 ¿Quieren que les confiese una cosa? Yo no tengo una familia numerosa, pero si VHEMT tuviera sede en Argentina me haría miembro. 

 Uno de los postulados más importantes de Knight es que la población humana es mucho más grande de lo que el planeta puede soportar puesto que la especie humana es únicamente autocomplaciente, sin beneficio ecológico alguno y no ha podido desarrollar formas de vida sustentables, por más que lo haya intentado innumerables veces. 

 Así, la no reproducción se presenta como un acto altruista en pos de prevenir el propio sufrimiento humano involuntario (por ejemplo, la muerte de niños por causas prevenibles), detener el daño ecológico y ambiental y prevenir el sufrimiento de otras especies animales que se ven amenazadas por la presencia humana.

 Para Knight no hay arte humana que sea digna de admiración, en comparación con las hazañas de otros animales el ser humano le resulta muy diminuto y despreciable. Sin embargo muchas veces se refiere al planeta tierra con el nombre de "Gaia", acto que lo involucra necesaria e inevitablemente con una cultura humana de la que él es parte.

 No quiero decir con esto último que Knight sea un insensato, pero me es preciso dejar al desnudo ciertos puntos de su ideología que, al menos a mí, me resultan paradójicos cuanto mucho. 

 Como expresé líneas arriba, VHEMT no me parece un movimiento incoherente o moralmente incorrecto, al contrario, concuerdo con la mayoría de sus postulados y sería capaz de hacerme miembro si pudiera. 

 Soy una gran odiadora de la humanidad, por consiguiente sería hipócrita si no me odiara a mí misma y es por esta razón que me gustaría, llegado a este punto, equilibrar la balanza lógica en lo que yo creo es la mayor paradoja de este movimiento.

 Knight ve como un acto altruista detener la propia reproducción en pos de incitar a toda la especie a una extinción voluntaria por los motivos que ya mencionamos anteriormente, motivos que son muy ciertos y reales y que trascienden un simple cambio de actitud: no basta con detener la matanza indiscriminada de otras especies o con detener la explotación masiva de recursos o disminuir el nivel de contaminación ambiental; la superpoblación y la sola presencia de humanos resulta negativa para el planeta y para la propia especie per sé, sin importar lo que podamos hacer o dejar de hacer, la extinción implica poner fin al propio sufrimiento. Teniendo esto en claro y regresando a las viejas definiciones de "Suicidio" que el buen Durkheim nos dejó, ¿por qué convocar a una extinción altruista y no a un suicidio altruista? ¿Ha de ser porque Knight tuvo miedo de morir que decidió realizarse la vasectomía? ¿Cuánto hay de egoísmo en este movimiento si sus miembros en lugar de suicidarse simplemente cancelan su reproducción? 

 Es muy posible que la esencia de la extinción voluntaria y altruista no se proponga el fin repentino de la especie, sino una desaparición natural y gradual, incluso concordante con el buen Darwin a excepción de una regla que se rompe: la extinción de la especie no será por ser la más débil, sino que el fuerte decide extinguirse a sí mismo por el bien de otras especies. Se ve entonces cómo el raciocinio sigue siendo la buena garra humana. 

 Knight no ha propuesto un suicidio altruista porque de haberse suicidado le hubiera sido imposible continuar con el movimiento, al igual que a todos sus miembros. VHEMT no habría podido cumplir su objetivo mediante suicidios altruistas, en ese caso el suicidio de 25 o 30 trasnochados no hubiera llamado a la reflexión de toda la especie y adiós extinción humana voluntaria. 

 Por otro lado la extinción gradual frente al suicidio altruista se presenta como una postura no violenta y en armonía con el ciclo vital humano, una extinción no es un genocidio, ni una inmolación, es simplemente un proceso natural al que estamos destinados. Años de evolución nos demuestran que algún día la especie humana también se extinguirá y VHEMT no se propone la aniquilación de la especie humana sino acelerar el proceso de extinción. Por lo tanto no hay ningún egoísmo en la extinción voluntaria humana, sino un altruismo tan magnífico que es difícil de comprender. 

 Muchas veces he reflexionado acerca de ese deseo incansable que tienen los seres humanos por constituirse en padres o madres, por dejar descendencia, por crear un individuo similar a sí mismos, etc, y he llegado a la conclusión de que ese deseo, tanto social como biológico, es, definitivamente, malsano. 

 Hay personas estériles arrancándose los pelos y sufriendo como una condena su incapacidad biológica de tener cría; por otro lado hay individuos teniendo cría con una frecuencia incansable e increíble, dando lugar a graves problemas socioeconómicos dentro de sus respectivos nichos biológicos. Pero por debajo de estas dos problemáticas existe otra todavía más repugnante: en el mundo hay cientos de miles de pequeños seres humanos abandonados por sus padres biológicos, en el mejor de los casos esperando ser adoptados en un hogar transitorio y en el peor sufriendo la pobreza y la indiferencia.

 ¿No es, entonces, moralmente válido hacerse una vasectomía o ligadura de trompas, según el caso, y tener la bondad de adoptar a los hijos que se quieran tener? 

 Esa ambición de seguir trayendo seres humanos al mundo y que sean copia de nuestro mismo material genético y no de otro individuo es lo realmente cruel y lo que demuestra que la especie humana es únicamente autocomplaciente y menos importante que otras especies animales. 

 Sólo me queda por escribir una pregunta abierta y una afirmación espontánea:

 Si VHEMT se propone la extinción humana voluntaria a un tiempo determinado con fines ambientales, ¿la desaparición de nuestra especie no podría provocar, biológicamente, un daño peor sobre el planeta?

 VHEMT puede resultarnos un proyecto surrealista o despreciable, pero es muy probable que en un futuro no tan lejano, cuando los sueños de Soylent Green estén prontos a realizarse, VHEMT se haya constituido como un movimiento institucional genuino pudiéndose convertir en ley o en práctica común ciudadana en todo el mundo, como en un cuentito redactado por el visionario Stanislaw Lem.

 Seguro que a Friedrich Nietzsche le encantó esta idea.

+Info:

Sitio web en español: http://www.freewebs.com/vehemente/

Girando en torno a la Eudaimonía


Por: Agustina Chavero©

 Durante estos últimos años he estado pensando en forma constante y especulativa en la formación etimológica de la aristotélica palabra eudaimonía.

  Los que leímos la “Ética Nicomaquea” sabemos que la eudaimonía es un bien, el más arquitectónico de todos, al que deben dirigirse las acciones y ciencias humanas a través de la práctica de la virtud o excelencia (areté), y es todo lo que voy a decir de esta palabra en términos aristotélicos porque el análisis de la obra de la cual proviene no nos incumbe a los fines de este breve escrito mío.

  En términos etimológicos eudaimonía se forma con las partículas eu que en griego clásico significa verdadero y daimon que se traduce como demonio, y la Filosofía misma ha sido descrita como un daimon, un demonio que nos arrastra hacia la curiosidad porque la sola idea de demonio representa una atracción involuntaria hacia algo específico en términos de “arrastre”. 

  Ahora bien; el bien más preciado al que aspiramos y al cual se dirigen las ciencias todas y la Filosofía misma, según Aristóteles, es esta eudaimonía y se traduce específicamente como “felicidad”. Es decir que, tanto para Aristóteles como para los antiguos griegos, la eudaimonía no es otra cosa que la felicidad.

  He aquí mi especulación: si eu es verdadero y daimon es demonio, ¿por qué el nombre griego “felicidad” significa etimológicamente “verdadero demonio”?

  Por favor, si conocen a alguien que haya pensado esto antes que yo háganmelo saber con cierta urgencia porque esta idea me arrastra como un daimon

  Si bien he tenido antes ciertos pensamientos problemáticos con la palabra “eu”, incluso en la escuela cuando los profesores en Biología pronunciaban el vocablo eucariota (núcleo verdadero) en referencia a la célula animal, esta vez es mucho peor porque mi deducción implica que la felicidad tan preciada es un “verdadero demonio” que juega con nosotros, y lo peor es que al formar así nuestras palabras ya lo sabíamos y no nos dábamos cuenta de ello.

  Y la Felicidad no es precisamente un Verdadero Demonio por castigarnos con un súbito ataque de risa imparable en el momento más incómodo (como se ha dicho anteriormente el daimon tiene que ver con la involuntariedad y con un arrastrar, una cierta perdición), es un Verdadero Demonio porque es completamente ilusoria…

El Caos filosófico y científico de inventar a Dios en una tarde de sábado



Por: Agustina Chavero©

 Cayendo agonizante ya la tarde de éste sábado solitario veníame a la mente el recuerdo de la predicción, de acuerdo a cálculos matemáticos, que Stephen Hawking hiciera hace unos meses al comenzar el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014. Y vaya que es intrincada y peligrosa la mente que este recuerdo venía suscitado por la lectura del libro alfa de la Metafísica de Aristóteles. Vamos que estas relaciones entre pensamientos no podría descifrarlas ni el mismísimo Christofredo Jakob resucitado de entre los muertos como Jesucristo nuestro señor.

 El pasaje que estaba leyendo pertenece al capítulo cuarto de dicho libro y corresponde a la cita que hace Aristóteles de la Teogonía donde Hesíodo escribe:

antes que todas las cosas fue el Caos, y después
la Tierra de ancho seno...
y el Amor que sobresale entre todos los inmortales.

 Y es que Aristóteles está llevando a cabo una historiografìa de la Causa Primera antes de adentrarse en la búsqueda de la Ciencia que la estudiará; ha pasado por los presocráticos, quienes situaban la Causa Primera en principios materiales, los que hoy denominamos como los cuatro elementos de la naturaleza. Por ejemplo el arjé o principio de todas las cosas, esto es, Causa Primera, origen de todo lo que existe en la naturaleza, era el Agua para Tales de Mileto (el primero que filosofó). ¡Y miren que casualidad!, la todavía vigente teoría darwiniana de la evolución está de acuerdo acerca del origen marino de las especies de las cuales también desciende el hombre, ¿o no nos enseña la ciencia que la vida de los mamíferos empezó cuando aquél intrépido pez pulmonado llamado Sarcopterigio se animó a salir del agua y empezó a vivir en la tierra? Extrañamente un pez... ¿no son los peces una figura ultrabíblica que suele aparecer debajo de los pies de las figuras religiosas aún más veces que el mismísimo demonio?

 Después de historiar a los presocráticos (y créanme que para entender la filosofía presocrática no se puede omitir la lectura de Aristóteles), el estagirita comienza a historiar a los preplatónicos, pero en este capítulo cuarto hace un repaso por Parménides, Hesíodo (citado líneas arriba), Leucipo y Demócrito.

 Y miren lo que había dicho antes, en el capítulo tercero:

[...] ni el fuego, ni la tierra, ni ningún otro de tales elementos puede ser tomado razonablemente como causa de que unas cosas sean bellas y buenas y otras lleguen a serlo [...], tampoco resultaba adecuado atribuir tamaña empresa a la casualidad y al azar. Así que cuando alguien afirmó que, al igual que en los animales, hay también en la Naturaleza un Entendimiento, causa de la belleza y del orden universal, debió parecer como quien está en sus cabales frente a las banalidades que decían los anteriores. [...]

 ¿Y qué está haciendo Aristóteles? Al igual que su maestro, Platón, lo que está haciendo es inventar a Dios y lo hace de un modo involuntario, en el mero estudio de la Naturaleza que lo rodea.

 ¿Y qué han hecho Charles Darwin, Albert Einstein y el mismo Stephen Hawking? ¿Algo diferente acaso? Y aunque Darwin era un creyente confeso, que asistía sin falta a misa, Stephen Hawking es un reconocido ateo que ha postulado la singularidad en el ¡bang! Pero lo siento amigos, la teoría de la evolución, la teoría de la relatividad especial y general, la teoría del big bang, todas, siguen siendo maneras de inventar a Dios. 

 Necesitas creer que hay un mundo eidético donde conviven las formas reales de las copias insulsas que ves en la naturaleza terrenal, necesitas creer que hay una Causa Primera de todo lo que Es y necesitas creer que alguna vez el universo fue un punto matemático que estalló y se expandió y que actualmente continúa expandiéndose y acelerándose en una dispersión infinita de materia rodeada y amenazada por la energía y la materia oscura (y lo oscuro es simplemente aquéllo en donde no ves).

 Toda Causa en la tierra se llama Dios, sea una deidad, un punto matemático, el hueso femoral de un homo erectus en un yacimiento arqueológico o los proconsules saltando de un árbol a otro, meciéndose con sus colas prensiles desde las ramas... toda explicación es una causa en la cual creer, aunque sea momentáneamente (un momentáneo lapso de razón) hasta que venga otra causa más eficiente a suplantarla.

 Stephen Hawking había hecho un extenso análisis matemático a fin de predecir quién ganaría el mundial. Según sus cuentas ganaría Brasil, ¿por qué tenemos que creer entonces que todos sus demás cálculos son divinamente acertados? Las posibilidades son 7 sobre 1. Y quien está escribiendo estas líneas admira mucho al señor Stephen Hawking, pero todos sabemos que la teoría reina hasta que se produce la postulación de otra teoría que viene a reemplazarla en la línea de tiempo, y así sucesivamente, por los siglos de los siglos...

 Aquí, en la contemporánea Astronomía, en el principio siempre fue el Caos... para Hesíodo y todos los demás, también.

Y antes que todas las cosas fue el Bang, y después
la Tierra de ancho seno...
y la Materia Oscura que sobresale de entre todos los infinitos.

Transmutación de los Artistas


¿Cambio ideología por popularidad?

Por: Agustina Chavero©

  Según la vieja Alquimia podemos transmutar cualquier metal o mineral en oro, sólo hay que tener la fórmula para hacerlo. Hemos oído alguna vez que ciertas personas son un "diamante en bruto" en cuanto a la expresión que hacen de un arte determinado. Muchas veces mediante esa frase queremos señalar el talento del descubridor del artista. Aquél que descubre un diamante en bruto al poco tiempo se llena los bolsillos o el alma de brillantes. También este caso es equiparable a una fórmula química: la fórmula del éxito.

  En nuestro folklore nacional tenemos a un gran artista que simultáneamente supo ser un gran descubridor de talentos. Gracias al oído de Charly García han logrado saltar a la fama artistas como Fito Páez y Fabiana Cantilo o bandas míticas como Virus y Soda Stereo, por sólo nombrar algunos.

  Los artistas de rock nacional raramente se traicionan; continúan fieles a su estilo a medida que pasan los años y ni siquiera la propia edad es un motivo para cambiar de costumbres. Es por esta razón que seres humanos como Ramsés III, Luca Prodan, Norberto "Pappo" Napolitano y Luis Alberto Spinetta (por orden de mitificación) se han convertido en leyendas.

  Dionisos es una deidad mitológica porque siempre ha sido Dionisos y no precisamente por transmutarse alguna vez en Apolo.

  Pero existe otra cualidad en las personas sensibles a algún tipo de arte, ya sea al escénico, al pictórico o al musical. Cuando han llegado a constituirse como artistas populares, esto es, artistas que exhiben su arte en la plaza pública, se ven en la necesidad (consciente o no) de ir transformándose según el cambio de época, de pensamiento o de gobierno. Lejos de ser una virtud, esta cualidad es la mayoría de las veces un despropósito.

  En nuestro folklore nacional hay varios ejemplos de este cambio que aquí preferimos llamar transmutación a los efectos que se detallarán más adelante. Sin embargo, de aquí en más, omitiremos nombrar a esta última clase de artistas de modo que esta breve especulación será incompleta, pero de ninguna manera desacertada.

  En muchos casos se trata de personas que no han sido capaces de componer ni un sólo éxito, hasta que repentinamente aparecen en numerosas ocasiones como animadores de alguna fiesta popular interpretando un nuevo hit que todos vocalizan con ferviente entusiasmo, pero que al otro día ya nadie recuerda. En este caso no importa lo que el artista haga después, la memoria popular, ya saturada, no recordará jamás sus notas. El artista regresa a la difamatoria boca de los jóvenes que se avergüenzan de su arte y a la mirada indiferente de aquéllos que tienen un gusto más elevado.

  En otros casos el artista es todo un éxito y esto no implica ser un artista comercial, sino un ser humano dotado con una sensibilidad especial para la captación de la poeiesis. El problema es que al pasar el tiempo el éxito devuelve a la poética un poco de dinero y pronto aparecen los lujos por la derecha y por la izquierda la predicación de todo aquéllo que ya no se es y no se prefiere. Quizás de jóvenes somos idealistas y estamos dispuestos a defender nuestras convicciones con toda fidelidad sin siquiera pensar en ellas de una manera consciente, pero con la edad y los achaques cierta comodidad empieza a copar nuestro ánimo y mantener convicciones se vuelve una tarea muy trabajosa; la fidelidad se transforma en pereza, pero por el bien de nuestro estilo de vida y de nuestra popularidad debemos hacer de cuenta, ante el público, que aún las mantenemos, que aún profesamos lo que el pueblo quiere que profesemos.

  En todos los casos la transmutación es tan real y efectiva que el artista cree realmente que es lo que profesa, cree que su popularidad es digna y se siente un aliado del pueblo (o del gobierno de turno), se encuentra envuelto en el abrazo de las llamas quemantes del vitoreo, del aplauso de un público impago o sobornado. Pero casi siempre que el espectáculo es gratis, el público espectador no asiste a él por lo que ofrece, sino tan sólo por su gratuidad; no están allí por el artista, están allí para pasar el rato o para recibir un premio, aunque ellos también se han transmutado un poco...

  El clientelismo tiene formas tan seductoras e impensadas que a veces ni siquiera nos percatamos de que ya estamos en el interior de sus fauces. Contratar a un artista popular es mucho más sutil que llenar varios micros de personas bajo premio o promesa. La mayoría de las veces aquéllo que en Argentina llamamos fiesta popular es un fraude de espejos y luces. La verdadera fiesta no está allí, sino en la serenidad de las calles, en la soberanía de la Nación, en la calidad de vida de quiénes la habitan, en el arte libre y fecundo de quiénes lo ejercen de manera inconsciente sólo para ellos mismos, sin esperar, sin siquiera imaginar, que otros se verán identificados en él. Cuando el arte es usado a exclusivos fines de la popularidad, cuando se transforma en un empleo, ya se transmutó en divisa y no es arte.

  La vieja Alquimia al conocer la densidad del Oro (19300 kg/m3) y del Plomo (11340 kg/m3) y encontrarlas similares intentaba transmutar una sustancia en otra. Esto no fue posible hasta 1919, año en el que Rutherford logró la transmutación de un átomo de nitrógeno mediante el bombardeo de partículas alfa. La Alquimia, después de Lavoisier, se convirtió en una ciencia inútil y se transformó en una ciencia real y fundamentada. Hoy sabemos que transmutar el plomo en oro no es imposible, pero sí es algo inútil y hasta perjudicial:  las reacciones químicas afectan tan sólo a los electrones de la corteza del átomo. La transmutación implica la alteración de los núcleos atómicos. Para cambiar un elemento en otro hay que modificar el número de protones que hay en el núcleo. El plomo tiene 82 protones y el oro 79. Así que para convertir el plomo en oro debe perder tres protones. pero para hacerlo se necesita consumir mucha energía, tanta que el oro resultante es más caro que comprarlo en el mercado.

  La conclusión es que hoy en día no hay cosa más inútil y costosa que una transmutación. Antes de Lavoisier la transmutación ambicionaba las mentes de los alquimistas, era un proceso que rozaba lo divino y había incluso quiénes se jactaban de tener el conocimiento supremo para poder realizarla. Hoy la transmutación no vale más que el oro que ya traemos puesto; allí queda el recuerdo de aquéllas ambiciones tan cegadoras y de aquél poder infinito de manipular la materia, hoy sólo vemos el ridículo, la ausencia de todo poder. La analogía es simple: no conviertas el oro que ya traes en plomo, este tipo de transmutación siempre sale al revés.

Obtener protagonismo a través de una pregunta


Por: Agustina Chavero©

  Cuando en un amplio o reducido grupo de espectadores alguien levanta la mano o bien irrumpe con su voz, todos los oyentes voltean y desvían su atención de lo que realmente importa hacia un interlocutor furtivo cuyas intenciones son dudosas. 

  La consecuencia inmediata de esta interrupción es una pérdida de tiempo cuya gravedad puede ir in crescendo según la bolilla que se le dé al interruptor. Por lo general en una primera pregunta o acotación, el interruptor atraviesa una fina barrera de incomodidad llamada timidez; un oscuro mecanismo de defensa que la mayoría de los seres humanos tiene incorporado en mayor o menor grado según grupo etario, condición social y/o perfil psicológico.

  Por lo general el daño que se produce siempre recae sobre todo el público espectador, pero especialmente sobre quien tiene la palabra frente al grupo, ya sea un profesor que dicta una clase o un guía turístico. Quizás el dictado de una clase o de un recorrido turístico no tiene la necesidad de ser monológico puesto que a través de preguntas o acotaciones venidas del público se puede enriquecer la tarea realizada. Sin embargo los sujetos que se distinguen por obtener protagonismo mediante preguntas o acotaciones (a quiénes a partir de ahora denominaremos los preguntadores / los acotadores) no suelen tener como objetivo principal el esclarecimiento de sus dudas o el enriquecimiento intelectual de sus pares, sino tan sólo el enaltecimiento de su propia figura como superadora de quien está al frente del grupo o de los demás oyentes, más aún si se trata de una acotación y no de una pregunta.

  A menudo las preguntas desembocan en una seguidilla de acotaciones completamente innecesarias, ya que muchas veces el preguntador termina convirtiéndose en un acotador, sujeto cuya actividad es aún más perniciosa ya que sabe perfectamente que sus aportes, por más originales que sean, son innecesarios si no han sido dichos por quien está al frente del grupo. Esto ocurre cuando el preguntador ha superado con creces la barrera de la timidez o cuando el que interrumpe siempre ha sido un acotador inescrupuloso cuya fuerza vital se nutre de mantener siempre en alto su autoestima en detrimento del tiempo y la paciencia del prójimo.

  Hay dos accidentes que pueden ocurrirle tanto al preguntador como al acotador, casi siempre con consecuencias fatales. El primero de ellos, hacer una pregunta o acotación banal que lo lleve a permanecer en la memoria de los demás no en la forma que él esperaba sino por la compasión y la vergüenza ajena; el segundo, que finalmente acabe con la paciencia de alguno de los participantes o, peor aún, del que es interrumpido, y alguien lo obligue a callarse. Pero existe un tercer accidente, que es el más grave y puede acabar con la vida del preguntador acotador, llevándolo a una larga meditación de duración indeterminada o a abandonar su costumbre para siempre: el ser refutado. 

  Hay gente muy hábil en sus diálogos y por más original que sea una acotación, saben restarle importancia o la complementan de modo tal que el acotador parezca un ser de lo más superficial sobre la tierra. También es posible que el acotador se equivoque sin darse cuenta, puesto que los que más saben son, por lo general, los que más callan porque no soportarían ser esclavos de sus palabras y prefieren, más bien, ser reyes de su silencio al igual que William Shakespeare, quien rara vez incurría en errores (o jamás lo hacía).

  Por otro lado al acotador de nada le sirve tener una personalidad avasallante o mostrarse seguro de sí mismo; la mayoría de las veces quedará como un necio o como un charlatán y es probable que, aunque tenga razón, permanezca brevemente en la memoria de los demás como aquél irritable y jactancioso ser que no cesaba en sus interrupciones y que poco o nada embelesaba al auditorio.    

  De este breve y escueto escrito hay que concluir algunas pequeñas cosas: si te creés capaz de preguntar sin jactancias, adelante, es probable que sin robar mucho tiempo puedas aclarar tus dudas si es que realmente las tenés. No desvíes a quién está enseñándote algo nuevo, no lo apartes de su camino argumentativo, porque dañás su discurso e interrumpís el pensamiento de los demás; sólo abrí tu boca para preguntar en el momento propicio, en el silencio inusitado del diálogo en comunión y no en la precipitación de la ignorancia. Tu conciencia no es superadora a la del resto, y en caso contrario jamás experimentarías la necesidad real de demostrarlo en todo tiempo y en todo lugar. A la hora de preguntar ciertas cosas o de acotar algo, pensá en las palabras de Abu Bakr: "si lo que tienes que decir es menos bello que el silencio, entonces calla.

  ¡Calla por tu propio bien y por el bien de la humanidad!    

La Mitología Argentina

Por: Agustina Chavero©

El Folklore nacional argentino está lleno de seres mitológicos, aunque usted no lo crea. Muchos de estos mitos fueron inventados por los jesuitas en la época barroca latinoamericana, con el fin de dominar ciertos aspectos de la vida de los aborígenes. Un claro ejemplo de ello es el mito de Ahó-Ahó, la oveja maldita que en horarios diurnos perseguía a los que encontraba en el camino; si el perseguido no lograba subirse a un árbol para protegerse era destrozado por este animal horrible. Aquí el objetivo de los jesuitas era claro: mantener a los indígenas en la congregación.

Quizás el mito más brutal es el del Caá-Poraá, que usaba un cráneo humano y una tibia como pipa para fumar. O el del Curupí, horrible gaucho de cuatro patas que poseía un pene de gran longitud con el que envolvía a su víctima: una mujer joven que anduviera sola por el monte. Pero como el de Ahó-Ahó, estos dos mitos tienen su explicación: el primero era para espantar a los cazadores, pues el Caá-Porá, oriundo de Brasil, actuaba en defensa de los animales de la selva; y el segundo, de Corrientes y Misiones, para impedir que las jóvenes se atrevieran a internarse en el monte y se perdieran, ¡ninguna querría salir a caminar sola con semejante ser al acecho!

Un mito muy llamativo es también el del Yaguareté-Abá, común de Corrientes, Misiones y Paraguay. En esta historia un indígena bautizado que se alejaba del grupo y se revolcaba sobre un cuero de jaguar de izquierda a derecha, rezando un credo al revés, se metamorfoseaba en tigre para devorar a sus enemigos. La única forma de detenerlo era clavándole una cuchillada. Pero si sobrevivía, al retornar el día, con el mismo método a la inversa, adquiría nuevamente su forma humana y nadie sospechaba de él.

Como en una clásica mitología europea, en Argentina también existieron duendes.

El duende de nuestro folklore es enamoradizo, socarrón y grosero. Por lo general tiene una mano de fierro y otra de lana. Se trata de espíritus de niños que sus madres mataron al nacer. El más famoso es el Yasí-Yateré: enano rubio y barbudo que recorre el campo desnudo, raptando a niños o a mujeres.

Es muy frecuente la perturbación a mujeres y a niños, como también a los moradores de una casa. Por ejemplo el dios mapuche de la niebla, Huaillepenyú, (una mezcla de ternero, carnero y foca) suele acoplarse con animales domésticos o hembras humanas cuando éstas duermen, lo que explica el nacimiento de un ser humano o cría malformados. El Kéronkeuken, emisario de un brujo, similar a una lechuza vuela alrededor de una propiedad, provocando enfermedad al dueño, que luego muere.

También hay deidades femeninas, que atacan a los hombres. Es el caso de Máyup-Maman, especie de sirena que arrastra a los hombres al fondo de las aguas y los ahoga. O la grotesca Zapam-Zucum, bautizada así por el sonido que emiten sus pezones al andar. Si encuentra a niños los acaricia y los cuida, pero si le gustan se los lleva y no los devuelve nunca más a su madre biológica. Suele atacar a los hombres atrayéndolos y luego echándolos al interior de sus pechos (una especie de madre brutal.)

Cabe destacar, también, aquéllos mitos más reconocidos en la provincia de Buenos Aires, en cierto modo distanciada con las culturas indígenas del resto del país. Estos mitos bien conocidos por los bonaerenses son: la célebre Luz Mala, La Llorona, El Lobizón y El Pompero, personaje severamente perturbador e innombrable en las provincias del norte.


¿Dónde encontrar información detallada sobre estas curiosas bestias? Nada más y nada menos que en el magnífico libro de Alberto Colombres, titulado “Seres sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina.”

Colombres enumera lúcidamente una serie de entes presentes en las tribus araucanas, tehuelches, mapuches y guaraníticas, entre otras, destacando sus principales características, acompañadas de ilustraciones espeluznantes.